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Septiembre de 2010. A lomos de un insomnio luminoso me decidí a escribir un libro sobre tenis, tras varias horas de cifras y cálculos. Unos días más tarde, ya había sonsacado a mis editores para hacer realidad esa idea descabellada de pasar dos semanas viendo partidos de tenis en Melbourne, luego otro tanto en Londres, París y Nueva York.

Si algo aprendí, a lo largo de aquel 2011 tenaz, es que el tenis tiene su propia narrativa. No se puede contar, hay que vivirlo a fondo y a tope. Algo así me sucede con la historia que acabó por suplantar el proyecto inicial: es preciso contarla, y lo demás que espere. x_micrologo

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