La primera narradora

Serían las dos, tres de la madrugada cuando la narradora prendía la lámpara de su buró, llenaba el vaso de agua y escapaba del lugar de los hechos por la vía de un valium oficioso. “Duérmete ya, hijito”, mascullaba a las puertas de la inconsciencia, cuando uno ya volaba entre todos aquellos fantasmas redivivos cual si fuesen murciélagos afines, sin el menor deseo de resignarse a conciliar el sueño. La escuchaba roncar al lado mío y podía oír las risas de la niña granuja, huérfana temprana, que era la pesadilla de las monjas en aquel internado escalofriante. Y así, encarnado en esas ensoñaciones, me miraba heredero de una pariente próxima de aquel Oliver Twist a quien recién había conocido en el cine. ¿Qué de raro tenía que a menudo soñara con aquella primera mitad del siglo ya tan viejo, y de pronto tan vivo como un recuerdo fresco y aromático?

Hoy, 22 de enero, es el cumpleaños de la niña de la foto, y estas líneas sin tiempo son su regalo. Sabrá el diablo, Celita, que oficio aburridísimo tendría yo sin ti. Nunca voy a acabar de agradecértelo.

Pages: 1 2

Responder

You must be logged in to post a comment.